De pronto me empiezan a perseguir guitarras Duesenberg...
Todo empezó con el video de Adol-Fito.
Ahí ví la primera.
¿Qué marca que empieza con D era esa?
¿Danelcro?
¿Dunlop?
¿Dios?
Era Duesenberg **
El guitarrista de Tito & Tarántulas toca otra...
Investigo y mil violeros las usan.
Entonces SUEÑO
Y estoy en una tienda de música
El vendedor me dice:
Lo que Usted necesita es una guitarra Duesenberg
Y yo le contesto:
Estoy convencido de que lo que necesito es una guitarra Duesenberg,
Pero en el siguiente fotograma (del sueño)
Estoy en las cataratas del Níagara
Inmediatamente
PIENSO
Aquí hay demasiada humedad para mi flamante guitarra Duesenberg
Cuando me DESPIERTO
Ni tengo la guitarra Duesenberg
Ni tengo nada.
Además me entra la nostalgia porque me había acostumbrado a las cataratas del Níagara.
Salgo a la calle.
La guitarra Duesenberg sigue en mis pensamientos como una telaraña.
Entro en un bar y pido una ginebra.
¿Qué asco de ginebra es ésta?
Le digo al camarero.
Es una marca nueva, se llama Duesenberg.
Salgo corriendo del bar (sin pagar la ginebra Duesenberg).
Voy al médico.
Me mira raro.
Sin que le diga nada dice:
Esto es un caso de Duesenbergmania.
Salgo corriendo de la consulta.
Atravieso el centro poseído por la Duesenbergmania.
Me voy al puerto a ver barcos.
Me tranquilizo.
Pienso en las bodegas de los barcos llenas de guitarras Duesenberg.
Vuelvo a estar nervioso.
Si no puedo conseguir una guitarra Duesenberg no voy a tener más remedio que construírmela yo mismo.
Soy optimista durante veinte segundos.
Ni soy carpintero
Ni sé electrónica
Ni soy luthier
Ni soy alemán.
Si quisiera construir una guitarra Duesenberg
Seguramente
Terminaría construyendo una silla.
De día y de noche pienso en la guitarra Duesenberg.
Pienso tanto que llego a la conclusión de que quizás yo no merezca tener una.
Soy uno de los PEORES guitarristas del mundo.
Soy un descuidado.
Mi vieja Yamaha tiene rayones, muescas, golpes, oxido, mugre.
Es un milagro que siempre funcione.
Si tuviera una guitarra Duesenberg quizás cambiaría.
Sería más cuidadoso.
Tocaría la guitarra Duesenberg afeitado y después de ducharme.
Limpiaría la viola después de tocar.
La guardaría en su estuche Duesenberg.
La mimaría como a un bebé.
(me tengo que comprar una gorra que ponga Duesenberg en azul, a juego con la guitarra)
Luego pienso que la guitarra Duesenberg podría cambiar mi personalidad, pero estoy dispuesto a correr ese riesgo.
Abandono el puerto y vuelvo a casa.
Pienso cosas absurdas.
Concursos donde el premio es una guitarra Duesenberg,
o que entro en una tienda de música y soy el cliente diez millones (me regalan una guitarra Duesenberg),
o que secuestro al director de mi banco y por teléfono exijo de rescate una guitarra (Duesenberg modelo treinta aniversario),
o que un pariente lejano y desconocido me ha dejado de herencia una guitarra Duesenberg...
Me hago un mate cocido.
Inmediatamente pienso:
¿cómo quedaría la guitarra Duesenberg color mate cocido?
Seguro que joya.
Me voy a dormir.
Sueño que estoy soñando.
Vuelvo a ver al vendedor de la tienda.
Me habla en alemán.
El vendedor de la tienda de música es Hermann Hesse, que, levantando apenas la mirada, me dice:
"Sólo me queda esta guitarra para vender".
Miro su mesa de trabajo y Hermann está poniendo la última cuerda a la guitarra Duesenberg .
Atónito, pregunto:
¿Usted sabía que yo iba a venir?
Hermann guarda la guitarra en su estuche y me dice:
"Los que son capaces de soñar que sueñan, abren un círculo dentro del círculo, amigo. Yo no sabía que Usted iba a venir... lo sabía la guitarra."
CRR / febrero del año Dusenberg

Hazte el distraído apurando un poco el paso, y a la vualta de la esquina atrápala y hazte un buen solo a toda pastilla sacando chispas de sus cuerdas.